Urbanismo del bueno: herrigintza

Ya he comentado en anteriores entradas que Leioa ha iniciado el proceso de aprobación de su nuevo Plan General de Ordenación Urbana (PGOU). Un proceso que, distribuido en varias fases consecutivas, va a durar años hasta culminar en su aprobación definitiva. Y ello porque es un proceso tremendamente garantista con todos los agentes que pueden intervenir en el, con las personas interesadas y con la sociedad en general.

El urbanismo es de por sí una materia árida. Las más de las veces muy técnica, puede parecer que solo es apta para profesionales del ramo: arquitectos, abogados urbanistas, especialistas en derecho administrativo… Y además tiene mala prensa. Cierto es que ha habido muchas malas praxis y experiencias censurables ampliamente conocidas por la opinión pública. Pero lo cierto es que, las más de las veces, el urbanismo es un asunto del que se suele opinar con amplia superficialidad, sin demasiado conocimiento de causa y, muchas veces, con patrones y prejuicios predeterminados.

Aunque las más de esas veces el ser humano de a pie de calle oiga hablar de urbanismo para mal, lo cierto es que hay, también, un muy buen urbanismo, urbanismo del mejor. El que se erige como herramienta que hace crecer, progresar y aumentar la calidad de pueblos y ciudades. Y, por supuesto, que mejora la vida de las personas que en ellas habitan.

En Leioa se ha hecho buen urbanismo

Leioa tiene buenos ejemplos de ello. Las diferentes zonas por las que se ha extendido la malla urbana del municipio han respondido a un objetivo loable, más alla del de poder dotar de suelos destinados a promover viviendas o actividades económicas y empleo a personas que desean hacer de Leioa su centro vital o apuesta de vida. Los desarrollos urbanos de Leioa han buscado unir zonas desperdigadas y barrios inconexos, conectarlos con nuevos viales, aportar nuevas zonas verdes y parques de titularidad publica, o poner a disposición de la gente adicionales equipamientos públicos (culturales, sociales, deportivos, educativos, asistenciales…).

Pero para muestra un botón. Quizá el mejor ejemplo de esto que trato de comentar sea la zona de Pinosolo. El actual planeamiento urbanístico, aprobado a caballo entre 1999 y 2001, permitió que Leioa creciera en un área hasta entonces catalogada como no urbanizable y que se extendía, entonces, por los suelos que ahora acogen la actual calle de Lekueder, la zona alta de la calle Aldapabarrena, y toda la extensión de Pinosolo y Torresolo.

Hoy podemos disfrutar de lo que esta regulación urbanística trajo de bueno. Por una parte, unió y cohesionó el centro urbano desde Estartetxe hasta la zona baja del barrio de Basaez, en Artaza, con un nuevo vial y un paseo peatonal: Lekueder. Además, consiguió para Leioa la cesión gratuita por parte de los promotores del área de las fincas de Pinosolo y Torresolo, donde hoy se ubican el bosque y parque de Pinosolo, así como las instalaciones deportivas exteriores de Torresolo. Y, junto con ello, Leioa también obtuvo de manera gratuita la propiedad del baserri situado en el parque (para poder rehabilitarlo y poder destinarlo a algún tipo de equipamiento) y los suelos donde se va a construir el nuevo polideportivo. Todo ello fue la contraprestación que los promotores de viviendas tuvieron que aportar al municipio a cambio del derecho a construir las viviendas que hoy acogen a los y las leioaztarras que las habitan. En el mismo viaje, el ayuntamiento logró, además, que los promotores hicieran más VPO que las que la ley exigía para ese suelo y a costa de promover menos vivienda libre. Huelga decir que, adicionalmente, los promotores de vivienda actuante tuvieron que ceder al consistorio el 15% del aprovechamiento lucrativo edificatorio existente que por ley venía establecido.

Urbanismo del bueno, el mejor sinónimo de, como se dice en euskara, herrigintza.

Otro tipo de urbanismo

Por las mismas fechas, en Barakaldo (entonces gobernado por el Partido Socialista), su ayuntamiento también quiso hacerse con una finca (Munoa) para convertirla en parque urbano. Casualmente, la finca en cuestión tenía una extensión análoga a la de Pinosolo, incluso aquella era algo más pequeña. Sin embargo, allí la operación tuvo un resultado bien distinto. La técnica utilizada para hacerse con los suelos fue la expropiación pública por parte del Ayuntamiento y la indemnización a sus propietarios. El coste que tuvo que asumir Barakaldo y, por consiguiente, sus vecinos y vecinas dado que se pagó con el presupuesto municipal fue de 20 millones de euros.

Leioa dibuja su futuro (y II)

Quien haya leído la anterior entrada de este blog tendrá pocas dudas, más bien ninguna, de que a mí me gusta Leioa. Me gusta mucho. Sé que no es el pueblo más bonito del mundo. Sin ir muy lejos, en nuestro propio entorno los hay más vistosos y espectaculares. Pero creo que es una localidad que ofrece hoy una gran calidad de vida, tanto por el valor añadido que aporta por sí mima como por su excelente ubicación en Bizkaia, en general, y en el área del Bilbao metropolitano, en particular. Y creo además que, sobre todo, año tras año y década tras década, ha ido a mejor. Su evolución ha sido tremendamente positiva.

Uno ya tiene unos años. Conocí el Leioa de los años setenta y crecí en él. Hay quien dice que la verdadera patria de una persona es su infancia. Yo no participo de esa idea pero, no cabe duda, la edad en la que eres niño o niña, si ha sido una etapa feliz, tiene una atracción difícil de superar. Y en esa atracción, en esa nostalgia con sonrisa, es lógico identificar los buenos recuerdos de juegos y amigos de siempre, de familia nuclear, de días y noches sin los compromisos, responsabilidades y ataduras propias de la vida adulta, con los paisajes y parajes en los que transcurrieron aquellos años felices.

Un Leioa idealizado

La foto recoge aquel Leioa de los años setenta. La recuerdo como si fuera ayer. Creo que cada día la tengo más presente y le guardo un mayor cariño. Directamente proporcional a mis vivencias y recuerdos de la infancia. Porque, a buen seguro, lo que realmente recuerdo con añoranza y enorme gratificación es mi infancia. Pero ello no me lleva a preferir aquel Leioa al actual. Ni de lejos.

No estoy de acuerdo con aquello de que cualquier tiempo pasado fue mejor, ni vivo con el síndrome de Peter Pan. Han pasado casi 45 años desde esta foto y hoy Leioa es una localidad propia del tiempo en el que vivimos. Un municipio que se ha sabido adaptar a un mundo cambiante y afrontar los retos que nuestra sociedad moderna demanda. Y que, desde el punto de vista de ordenación territorial y urbana, ha encarado, las más de las veces acertadamente, los problemas derivados de los 40 años de urbanismo franquista precedente (caótico, desordenado y descompensado).

Viví en un Leioa de campas sin fin (todas privadas, eso sí) pero cero equipamientos públicos y servicios para la comunidad. En un Leioa cuyo centro urbano entorno a Elexalde, hoy lo enmarcamos en una postal de tonos sepias, pero encuadra un grupo de casas antiguas y, algunas, desvencijadas. Aquel Leioa no tenía apenas calles, plazas, ni parques, ni mucho menos espacios o centros deportivos, sociales, culturales, etc. Disfruté todo lo posible y más de txiki con mi familia y la cuadrillla de amigos y amigas en Leioa, pero ello no me lleva a idealizar el lugar repleto de carencias. Aquel Leioa no era mejor, ni de lejos. Aunque a día de hoy siga guardando con cariño las fotos de entonces y rememorando las imágenes que en ellas reflejan. Lo uno no quita lo otro.

El Leioa de los próximos 25 años

Ahora toca definir el Leioa de la próxima generación. El Leioa que se va conformar desde hoy hasta 2050. ,Y que gran parte de los y las leioaztarras de hoy, vamos a conocerlo, vivirlo y disfrutarlo. Por eso hay que hacerlo con los pies en el presente.

Desde el Ayuntamiento se ha puesto en marcha el proceso de aprobación de un nuevo Plan General de Ordenación Urbana (PGOU). Un devenir que articulado en tres aprobaciones sucesivas (inicial, provisional y definitiva), con sus respectivas fases de exposición al público y posibilidad de presentación de alegaciones, así como las etapas previas de Diagnóstico, Avance y Criterios y Objetivos, se alargará no menos de 5 años en el tiempo. Tiempo que debería ponerse a disposición de pensar y acordar entre sensibilidades distintas, ojalá complementarias, el mejor Leioa posible. Para que se haga realidad a lo largo de los próximos veinte años.

Creo que Leioa tiene delante un trabajo muy ilusionante. Decidir qué quiere ser a medio plazo y cómo quiere hacerlo. Y eso requiere de un ejercicio de reflexión, responsabilidad y honestidad sin parangón. Me va a gustar verlo. E, incluso, dar mi opinión, a través, ¿por qué no?, también de este blog.

A modo de adelanto, y en formato de píldora, ya digo que creo que Leioa tiene por delante un crecimiento adicional muy limitado. Pienso que solo y únicamente ha de crecer cuando, mediante ello, consiga resolver problemas estructurales, esto es cuando el crecimiento sea la solución a dificultades de necesaria superación: integrar y cohesionar zonas aisladas, sustituir viviendas existentes que carecen de estándares de calidad homologables , renovar el parque habitacional de cara a nueva generación de leioaztarras que quieren emanciparse, recuperar suelos contaminados y poco más. Y lo ha de hacer con orden y justa dimensión. A partir de ello, Leioa debe seguir buscando, y logrando, un adecuado equilibrio entre, por un lado, el suelo urbano/urbanizable y, por otro, los espacios y zonas verdes así como el suelo no urbanizable que a día de hoy suman el 56% del suelo total de Leioa (8,36 kilometros cuadrados). Leioa es verde y ha de seguir siéndolo. Pero también en esto se ha ser sensato y consciente de cómo se puede garantizar mejor la sostenibilidad de los entornos verdes antropizados (parques y jardines), zonas rurales y espacios naturales.

Arranca un tiempo de reflexión, de propuestas, de trabajo y , ojalá, de acuerdos y de acierto.

Leioa dibuja su futuro (I)

Leo en la prensa que el ayuntamiento de Leioa se ha propuesto renovar el planeamiento municipal concretamente, su Plan General de Ordenación Urbana (PGOU). No es asunto baladí. El PGOU es el instrumento normativo que define el modelo urbano del municipio. En tal sentido, establece las zonas por las que el municipio va a crecer urbanísticamente (o no) y, en caso de hacerlo, de qué manera va a expandirse, por lo que determina qué usos van a tener los suelos y sus intensidades.

Sin ánimo de ser exhaustivo, y mucho menos irnos a los albores de la historia, podemos decir que en los últimos ciento veinticinco años Leioa ha conocido tres etapas de desarrollo urbano.

Primera etapa

La primera es la que va desde los años de la industrialización y llega hasta la época del franquismo. En esta primera etapa, la localidad mantiene una condición eminentemente rural y campesina, si bien ya se produce un desarrollo más urbano en el entorno de Lamiako merced a la aparición del ferrocarril (la línea Bilbao-Areeta) y las fábricas, junto con las casas para sus trabajadores y familias, que se ubicaron en la zona.

Etapa segunda

La segunda abarca los 40 años largos de dictadura franquista que van desde el final de la guerra civil en Euskadi hasta las primeras elecciones municipales de 1979. Fueron cuatro décadas absolutamente desastrosas para la configuración urbanística de Leioa, sobre todo las dos ultimas (1957-1979). Leioa creció sin ningún tipo de orden, ni control, lo que dio como resultado un municipio completamente desordenado, con núcleos de población aislados e inconexos entre sí y carente de las mas mínimas infraestructuras comunitarias, zonas de esparcimiento y equipamiento públicos. En número de habitantes pasó de tener unos 5.000 residentes a rozar los 22.000. Esto es, multiplicó su población por más de cuatro pero no se creó ningún parque, plaza, ni equipamiento de tipo cultural, deportivo o docente. De hecho, los ultimas escuelas, las conocidas como “de barriada”, fueron las propuestas en la etapa anterior bien por la Diputación provincial de Bizkaia gobernada por primera vez por dirigentes nacionalistas (PNV) en 1917 o en tiempos de la República (1931-1936). Y lo mismo cabe decir del resto de elementos que deberían acompañar a un desarrollo urbano. Las calles, plazas y parques de entonces eran las mismas que las de los años precedentes. El pueblo era una mezcla de viviendas sin urbanizar y rodeadas de campas, eso sí, pero de propiedad privada.

Tercera etapa

La tercera, y hasta ahora última etapa, se extiende a lo largo de estos últimos 40 años, los que se corresponden con la restauración democrática (1978-1979) hasta hoy en día. Y en todos estos años han sido dos las normativas que sucesivamente han regulado el urbanismo leioaztarra. Primero lo fueron las Normas Subsidiarias, desde los años ochenta hasta 1999 y, después, el PGOU desde ese mismo año hasta la actualidad. Ambas herramientas normativas han tratado de corregir, en la medida de las posibilidades, y solucionar buena parte de los problemas generados por el urbanismo caótico e incontrolado del franquismo, al tiempo que han tratado de afrontar nuevos problemas propios de tiempos modernos.

Así, el crecimiento urbano que ha tenido Leioa en esta última etapa ha pretendido, de un lado, unir y cohesionar muchos y variados núcleos de población, barrios y zonas desperdigadas, aisladas e inconexas entre sí, creando los desarrollos urbanos que lo posibiliten mediante un mallado coherente. De otro, Leioa ha tratado (y conseguido en gran parte) dotarse de infraestructuras, equipamientos y áreas de esparcimiento ciudadano en forma de calles, plazas, centros educativos, culturales, sociales y deportivos, así como parques y zonas verdes para mejor disfrute de la vida de los y las leioaztarras. Y, finalmente, Leioa ha buscado poder aportar a sus habitantes una oferta (por definición nunca suficiente) de vivienda protegida (VPO y tasada) así como suelos de vocación económica para la creación de empresas y empleo, para lograr así que la juventud leioaztarra pudiera radicar sus proyectos vitales en el propio municipio.

Y llegamos a hoy en día

Como consecuencia de todo lo anteriormente expuesto, hoy Leioa alberga cerca de 32.000 habitantes, un dato que contrasta con la sensación que podamos tener con respecto del crecimiento urbano experimentado. Y es que, mientras que en los 40 años largos que van de 1937 a 1980 Leioa aumentó su población en 17.000 almas, multiplicando la población por 4, en los siguientes 42 años (1980-2022) Leioa ha aumentado su población en cerca de 10.000 personas, lo que supone multiplicarla por 1,45. En los años regidos por las Normas Subsidiarias (hasta 1999) el crecimiento fue de algo más de 5.000 habitantes y en los que el PGOU ha estado vigente (desde entonces hasta la actualidad) el aumento ha sido de 4.000 pasados. La razón de esta sensación es que los años de crecimiento urbano democrático han venido acompañados de espacios destinados al uso y disfrute por lo que ha conllevado un uso de suelo mayor que el propio del franquismo, ya que entonces se concentraba en construir solo viviendas sin aportaciones complementarias adicionales.

El Leioa de hoy, está claro, no es ni el de 1937, ni el de 1979. Es, a mi juicio, infinitamente mejor. Sin duda, como todo en la vida, mejorable. Pero es un municipio que, en toda Euskadi y durante años, viene siendo referente en promoción de vivienda protegida (prácticamente una de cada dos que se han construido desde 1999 lo es) y en número y calidad de zonas verdes de dominio publico puesta a disposición de su población (Leioa supera ampliamente el exigente estandar europeo de zonas verdes por habitante y alcanza los 800.000 metros cuadrados). Sin duda estas, junto con otras (ubicación, conectividad, servicios públicos y privados, cercanía a localidades significativas) son algunas de las razones por las que en los rankings de municipios de Bizkaia, Leioa siempre ha venido ocupando las primeras posiciones en las preferencias de las personas a la hora de decidir su lugar de residencia y fijar su proyecto de vida.

Doctor Luis Bilbao Libano

Como apuntaba en una entrada anterior, Euskal Etxeen Plaza se sitúa a pie de la calle del Doctor Luis Bilbao Libano. Pero, ¿quién fue esta persona a la que Leioa le dedica una calle y por qué lo hace?

Luis Bilbao Libano fue leioaztarra; del barrio de Lamiako, más concretamente. Nació  el 29 de noviembre de 1902. Hijo de Valentina Líbano Real de Azua y Vicente Bilbao Icaza, tuvo cuatro hermanos y otras tantas hermanas. Casado con María Dolores Corta Uribarren, tuvieron seis descendientes. A título de curiosidad, uno de los hermanos de Luis Bilbao Libano fue Sabino, afamado jugador del Athletic de los años veinte y, como él, lamiakoztarra de pura cepa.

Estudió primaria en el mismo Leioa y secundaria en Bilbao. Marchó a Madrid a estudiar Medicina y Cirugía, licenciándose en 1927. En 1929 obtuvo el doctorado. Hasta 1936 ejerció como médico cirujano en el Hospital Civil de Bilbao, si bien realizó también diversas especializaciones en París y Estrasburgo. 

Una vida de película

Iniciada la Guerra civil, tomó compromiso por la legalidad y con la causa vasca. Formó parte de la Comisión Organizadora de la Universidad Vasca; fue secretario de la Facultad de Medicina de la propia Universidad y Profesor de Fisiología de la misma; fue nombrado, por el Lehendakari Agirre, Inspector General de Sanidad de la Consejería de Sanidad del Gobierno de Euzkadi y, como tal, fue autor del proyecto del Departamento de Sanidad y de la Organización Sanitaria de Euzkadi.

Perdida la guerra, cruzó la muga y fue nombrado por el Gobierno de Euzkadi director de la Asistencia Sanitaria de la población vasca evacuada y refugiada en el Estado francés. Debía censar a la mayor parte de la población evacuada, ubicarlos, crear refugios, albergues, crear servicios sanitarios. En Bidart, Iparralde, creó el Hospital «Laroseraie» (antiguo hotel de lujo) para 400 heridos evacuados de Santoña, después para evacuados de Aragón y más tarde para los evacuados de Cataluña. Este hospital después fue mixto: 200 camas para heridos de guerra y 200 para enfermos civiles. Todo este trabajo se pudo realizar gracias a los sindicatos médicos franceses de Burdeos, París y Bayona, de quienes obtuvo la autorización de que los médicos vascos refugiados en suelo bajo dominio francés podían atender Ad Honorem a toda la población refugiada. Toda esta labor fue extendida a los evacuados de Cataluña, una vez finalizada la guerra, y se alargó hasta 1940, cuando Francia cayó en poder de los nazis. Durante esos años prestó asistencia en la frontera y los campos de concentración, según se iban instalando, creando servicio médico en cada campo, con médicos evacuados que quisieran colaborar con las autoridades de la Sanidad Militar francesa.

En 1941, en plena dominación por parte del Ejército alemán de Francia, logró escapar junto con su familia con destino a África. Allí pudo trabajar como colaborador en el Instituto Pasteur de Dakar y como asistente en el Instituto Pasteur de Casablanca. Ese mismo año salió de Casablanca hacia América, arribando el 10 de diciembre de 1941 al Puerto de la Guaira (Venezuela) tras once meses deambulando por el Atlántico.

En 1942 fue nombrado por la Dirección de Salud Pública del Ministerio de Sanidad y Asistencia Social (MSAS), primero, fiscal viajero de laboratorios de las Unidades Sanitarias y, después, técnico viajero de laboratorios dependiendo de la División de Unidades Sanitarias. En 1946 obtuvo su título de médico venezolano mediante reválida en la Universidad de Los Andes. Entre los años 1946 y 1975 fue médico adjunto y supervisor de laboratorios de la División de Laboratorios, con diferentes menciones incluyendo la de médico jefe de Salud Pública. Se jubiló en el año 1975 habiendo cumplido con el país que lo albergó, con una labor sanitaria ininterrumpida de treinta y tres años de servicio a favor de la población venezolana. 

Luis Bilbao Libano realizó numerosas publicaciones sobre tuberculosis, paludismo, sífilis, hemotransfusión, azotemia y nemodistrofias, entre otras enfermedades. Recibió merecidas condecoraciones, entre otras, Profesor Honorario de la Universidad de Bilbao;  Homenaje de la Consejería de Sanidad del Gobierno de Euzkadi, por haber estructurado la sanidad en Euzkadi el año de 1937 y Condecoración al Mérito al Trabajo en 1rª Clase. También recibió importantes reconocimientos como la inauguración del laboratorio clínico Dr. Luis Bilbao Líbano en el Parque Social Manuel Aguirre, Universidad Católica Andrés Bello, en Caracas. Finalmente, cabe destacar que Luis Bilbao fue Miembro de la Academia de Medicina de Bilbao (1928), Delegado del Gobierno Vasco en Venezuela (1948), Presidente del Centro Vasco de Venezuela (1953) y Miembro Fundador de la Sociedad Venezolana de Microbiología (1953). 

Falleció en Venezuela en 1985, tras una fructífera y plena vida.

Y, para finalizar, otra curiosidad

En una época como la actual, en la que nos hemos acostumbrado a términos como vacunas y antígenos, resulta muy curioso saber que el Doctor Bilbao Libano trabajo con el Departamento de Química del Instituto Nacional de Higiene (INH), en la elaboración y normalización del antígeno de Kahn para el diagnóstico de la sífilis. Igualmente, colaboró con la División de Epidemiología como comisionado especial en un brote epidémico de difteria en Capatárida, estado Falcón. Participó, también, en la elaboración y normalización del antígeno de Farley para la reacción del mismo nombre. Fue nombrado comisionado especial del MSAS, como médico en las inundaciones de Guasdualito (Estado Apure). Como la población era algo recelosa a la vacunación, solicitó del MSAS una lata de leche en polvo por cada dosis de vacuna. La población acudió masivamente a la vacunación programada.

Gran parte de la información de esta entrada esta tomada de un escrito, a modo de biografía, de Ane Miren Bilbao.

Euskal Etxeen plaza

Hay una plaza en Leioa que tiene un curioso nombre. Se llama Euskal Etxeen plaza y se encuentra a pie de la calle del Doctor Luis Bilbao Libano. Lo cierto es que la plaza en cuestión es conocida por otras denominaciones. Hay quien la llama Plaza Pinotxo, Plaza del Arkupe o plaza del Gasby, haciendo con ello referencia a algunos de los comercios que la plaza acoge en los locales que la abrazan.

Euskal Etxeen plaza es un nombre que hace referencia a las Casas Vascas que funcionan desde la segunda mitad del siglo XIX, primero, como lugar de acogida y, después, como centro de reunión de vascos y vascas que a lo largo de más de siglo y medio han tenido que emigrar desde los distintos Herrialdes de Euskal Herria (Araba, Bizkaia, Gipuzkoa, Goi Nafarroa, Behe Nafarroa, Lapurdi y Zuberoa) al extranjero. Hoy en día son centro de reunión de personas de ascendencia vasca y sus allegados y, en todo caso, referencia de lo vasco en los diferentes países en los que se sitúan. Son, en este sentido, centro neurálgico de las comunidades vascas en el exterior que conforman la Diaspora vasca en el mundo.

Los Centros Vascos ayer y hoy

Hay dudas acerca de cual fue la primera Euskal Etxea en el exterior. Si bien se ha venido creyendo que lo era el Centro Vasco de Montevideo (Uruguay), creado en 1876, también el de La Habana, que pudo fundarse ocho años antes, le discute ese honor. Lo cierto es que, bien lo fuera por razones económicas (personas que buscaban un mejor porvenir) o políticas (varones que escapaban, primero, de la obligación de prestar el servicio militar impuesto a los vascos tras la abolición foral a finales del siglo XIX y, después ya en el siglo XX, familias por razón del exilio tras la Guerra de 1936 y el franquismo), las Euskal Etxeak proliferaron sobre todo por todo America. Hoy también están presentes en Asia, Europa y Oceanía.

Precisamente ha sido estos pasados días que se ha celebrado en Vitoria-Gasteiz el día de la Diáspora Vasca. Con la presencia de representantes de las Euskal Etxeak repartidas por el mundo y autoridades institucionales, con el Lehendakari Iñigo Urkullu a la cabeza, se ha puesto en valor una red que si, en su día fue de apoyo al inmigrante vasco en el exilio y de reunión y confraternización, hoy supone además un potente conglomerado de pequeñas embajadas de lo vasco que fortalecen la imagen y el nombre de nuestro País más alla de nuestras pequeñas fronteras.

El historiador Xabier de Irujo, hijo de los exiliados Peio Irujo y Arantza Amezaga, acaba de escribir un artículo en el que narra de una manera deliciosa algunos pasajes que fueron la realidad habitual de, en este caso, la inmigración vasca a Norteamérica, los que fueron luego conocidos en Euskadi como amerikanuak.

El Ayuntamiento de Leioa decidió en 1999 dar el nombre de Euskal Etxeen plaza al espacio urbano que se abre entre las calles Doctor Luis Bilbao Libano y Sabino Arana y, a tal efecto, colocó una placa conmemorativa en el mismo. No es casual tampoco que se ubique a pie de quien fuera insigne hijo de Leioa y figura de la medicina, primero, en Euskadi y, después, en Venezuela. Pero esa es otra historia.