¿Qué hacer con el Convento de las Dominicas? (II)

Antes de adentrarme en mayores profundidades, quizá sea necesario, aun de modo muy superficial, dar una breve pincelada acerca de la naturaleza y tipos de suelo en materia urbanística: es lo que tradicionalmente se conoce como clasificación y calificación de los suelos. En cuanto a la clasificación del suelo, básicamente, hay tres tipos: los suelos urbanos, los urbanizables y los no urbanizables. Los suelos urbanos son aquellos que albergan fundamentalmente los desarrollos urbanos ya consolidados con edificaciones, aunque pueden tener pequeñas islas o bolsas de suelos que aún están pendientes de desarrollo. Los urbanizables acogen a aquellos suelos que, estando aun sin desarrollar, el municipio los estima adecuados para destinarlos a la acción urbanizadora y edificatoria, esto es, al crecimiento urbano. Y los no urbanizables albergan los suelos que, por el contrario, se consideran que no deben destinarse a su desarrollo masivo y, entre estos, los hay de naturaleza rural sin mayor grado ulterior de protección y los de especial protección del paisaje. Todo ello grosso modo explicado. 

El planeamiento municipal suele destinar mayor atención a los dos primeros, dado que son aquellos en los que se concentran los aprovechamientos urbanísticos y, por lo tanto, son susceptibles de una actuación intensiva más evidente, mientras que los no urbanizables han venido aglutinando la totalidad de suelo restante al que no se le ha solido prestar una atención de igual detalle. Sí suele ser habitual contemplar los suelos que se sitúan en las zonas altas de montes como merecedoras de una especial consideración por su mayor impacto.

Por otro lado, la calificación del suelo hace referencia, una vez definida la clasificación de los mismos (urbanos, urbanizables y no urbanizables), a qué actividades se pueden llevar a cabo en ellos: residenciales, industriales, terciarios, mixtos, equipamentales (deportivos, culturales, sociales, sanitarios…), ganaderos, agropecuarios, etc.

Se trata de un suelo con una pesada mochila

Dicho todo esto, a modo de introducción un tanto extensa, ¿qué contempla el actual planeamiento municipal de Leioa aprobado a finales de los años noventa del siglo pasado para el suelo donde se ubica el convento? Pues intenta cuadrar el círculo. Porque al tiempo que consolida un edificio (el convento) y sus anexos (alguna edificación adicional) que datan de casi treinta años antes, establece sobre los suelos en los que se alza una protección característica de los suelos de las cumbres de los montes (y Kurkudi no deja de ser un pequeño monte de algo más de 120 metros de altura y suavísima pendiente), además de las que adicionalmente haya podido establecer. Y lo hace porque el Planeamiento no contempló, ni siquiera pudo concebir, que en los 20 años de vigencia que los Planes Generales de Ordenación Urbana (PGOU) suelen durar, el convento fuera a cerrarse, perder su sentido y convertirse en un problema. Por lo que nada pudo prever sobre los usos de ese suelo para el día que allí no hubiera un convento. 

Y este es precisamente el caso que nos ocupa. Decidir, ahora que está claro que el convento no tiene futuro ninguno, cual debe ser el uso de esos suelos. Pero eso sí, no a modo de hoja en blanco, con libertad de criterio absoluto, sino siendo conscientes de que ese suelo, en lo alto de Kurkudi, tiene una preexistencia en forma de edificio y sus anexos.  Tiene, por tanto, su propia mochila. Y bien pesada.

Esto es, esos suelos, por mucho que los suelos estén en una cumbre, no son vírgenes, no han estado ajenos a la acción humana, no han sido preservados de la actuación edificatoria, sino que, más bien al contrario, existe una edificación a modo de convento y los anejos que la complementan a los que hay que dar una solución porque, de lo contrario, se van a perpetuar, cada vez en peor estado y condiciones de seguridad, ad aeternum.  

¿Qué hacer con el convento de las Dominicas? (I)

Llevamos ya algo más de dos años, más o menos, a vueltas con el antiguo convento de las Dominicas. Hay un cierto revuelo montado entorno a un edificio y su terreno adyacente porque, ante la decisión del Ayuntamiento de modificar el planeamiento del suelo en el que se ubica, hay voces que han venido mostrando su desacuerdo.

Como muchos leioaztarras saben, esta infraestructura religiosa se sitúa con presencia dominante en lo alto de Kurkudi y ha venido siendo una imagen característica de esa zona.  El edificio lleva allí desde los años setenta del pasado siglo XX y, al parecer, fue entonces un proyecto muy valorado por su propuesta arquitectónica, un tanto novedosa por estos lares para albergar una congregación religiosa. Su arquitecto fue Francisco de Paula Coello de Portugal, exponente del movimiento moderno y con amplia obra de finalidad religiosa.

Hace ya más de quince años que no quedan monjas en el convento. La últimas marcharon a Salamanca y, desde entonces, el edificio y su entorno permanece cerrado, mal guardado y en constante deterioro. La imagen de hoy es la de un zona abandonada y degradada a la espera de, nunca mejor dicho, ¡Dios sabe qué!   

La normativa que rige los usos del suelo establece obligaciones y derechos para sus propietarios. Es evidente que, mientras las mojas residieron en el convento, el edificio y su entorno estuvieron mantenidos y cuidados con esmero. Y no es menos cierto que, desde que ya no lo ocupan, el deterioro progresivo del mismo es manifiesto y amenaza con convertirse en una ruina. Pero una ruina con una muy buena salud de hierro. Porque una cosa es que aparente un aspecto ruinoso y otra bien distinta es que dicho aspecto comporte una obligación de derribo por parte de sus propietarios. Y eso no es nada evidente, ni sencillo de lograr, ni, muchos menos, rápido en el tiempo. Sin riesgo a equivocarme, al ritmo actual de deterioro Leioa tiene edificio de Dominicas para muchísimo tiempo (décadas) con el riesgo para la seguridad de personas y parajes que ello comporta. 

Una historia ya vivida (y superada)

Tiene pinta de convertirse en una segunda versión del ya vivido caso del antiguo Hospital que durante años estuvo junto a la carretera de la Universidad. Y eso es algo que Leioa no puede permitir.

 Una alternativa pasaría por un mayor compromiso y mantenimiento por parte de sus propietarias, la congregación de religiosas (si es que lo siguen siendo). Pero esto, sabiendo que ellas o quienes les representan están en Salamanca, Madrid o, vaya usted a saber, es tarea más bien quimérica o de harto difícil logro y, desde luego, nunca constante en el tiempo, ni definitiva. Tengo para mí que, como en el caso del Hospital, la solución está en encontrar otra alternativa.

En estos casos está perfectamente normalizado que el urbanismo y la Ordenación del Territorio desplieguen otras opciones para que un suelo, que ha tenido un determinado uso a lo largo del tiempo, pueda albergar nuevos usos en orden a dar un mejor aprovechamiento a un lugar que ha perdido su sentido tal cual fue concebido. Y para ello se establece una herramienta, muy garantista con los propios usos del suelo (los actuales y los potenciales), para poder instar y posibilitar cambios de dichos usos en los planeamientos municipales. Son las conocidas como Modificaciones Puntuales de Planeamiento.